domingo, noviembre 15, 2009

corolario

La experienca ajena solo sirve para escribir libros.

domingo, septiembre 20, 2009

Sin Duda

Unos
enarbolan sus convicciones,
otros
reflotan sus doctrinas
y algunos
ruegan por sus certezas,
yo, a duras penas,
restauro mis dudas.

miércoles, septiembre 16, 2009

Looser

Perdí,
juro por lo que más quieran
que no será la última.

domingo, septiembre 13, 2009

era que no

Estar parece ser el destino de todo el que busca partir.

viernes, septiembre 04, 2009

again and again

el verso escondido
va y vuelve
lo cobija el de siempre
y lo reparte entre los mismos
comparten notas
suspiran juntos
se suponen únicos
luego
bostezan al unísono
y cuelgan sus estandartes
aplauden
se aplauden
aman
se aman
el verso sube y baja
es copula feliz
orgía entre pocos
empero
elocuente y falaz
huelga decir
que rebota
entre los mismos labios
mismos dientes
mismas miserias.

martes, julio 14, 2009

Discurso apertura Bufalos Aguards 1999

Alguna vez escuché por ahí, quién sabe dónde, por boca de alguien, que la mirada de una vaca a un tren es el reflejo exacto de la mirada de un gato a una cerveza vacía. Como podemos colegiar, se trata de dos acontecimientos verdaderamente introspectivos. En ellos encontramos esa casi extinta instancia de recogimiento y abstracción. Quién no ha tenido la misma mirada vacía ante un Magritte o el primer capítulo del Ulises de Joyce. El gato mira la cerveza, y deja la madeja. La vaca mira el tren y deja de pastar. El hombre mira un Magritte y deja de pensar. Es decir, Ícaro tenía razón, para volar hacen falta alas. Qué extraña conclusión dirán ustedes, pues sí, es extraña, es más, pareciera no tener asidero, pareciera ser sólo una mugre en la pared. Sin embargo no es así. Esta extrapolación nace de un viaje infinitamente más espectacular que la circunvalación de Gagarin. La mente, estimulada por un acontecimiento exterior, se perpetúa en el imago de la fascinación, abre insospechadas ventanas para nutrirse de un espectáculo que mantiene absorto el cuerpo. Nada podrá detener este viaje. La ruta que ha tomado esta mente estimulada tiene como corolario sólo un final: El encuentro. El encuentro con un alter ego imprescindible, esto es, el reflejo del alma. La comunión inequívoca que nos permite construir un universo áureo. Es así como somos catapultados hacia esa instancia final de recogimiento. La vaca mira el tren y maravillada del espectáculo adopta esa mirada ida, abstracta e insondable. Vive un momento de absoluta realidad y comunión. ¿No eso acaso lo que sentimos, cada uno de nosotros, en tanto Búfalos Mojados, cada vez que recreamos este espacio lúdico y reconfortante? Sí, amigos, no somos más que vacas mirando el tren, regocijadas ante tan inmenso paraíso. Ahora bien, hay algunos más vacas que otros, o lo que es peor algunos sólo se conforman con mirar el tren: Huelga decir entonces, que como el abyecto sendero de la haronía sólo induce al egoísmo y a la atrofia muscular, no me queda más remedio, y con el único afán de dar un golpe de timón atrevido pero oportuno, que exhortarlos a erguir con entusiasmo la bandera de la audacia, y en un acto de inteligencia temporal darle al gallo nuestro más bullicioso aliento, más que mal en vez de mirar los trenes, ahí anda pecho al viento tirando por doquier.
Muchas gracias.

viernes, junio 26, 2009

Carta inoficiosa para isabel castro*

Yo te miraba invadido por la sangre que se me trepaba por todos lados sin que pudiera evitarlo, aún no conocía el vértigo de la carne trémula, ni sabía como era que me tiritaba toda la suma de mis años. Me perdí en el anhelo de tus ojos. Me cobijé en el sueño de tus besos. Gasté lo mejor de mis ganas frente a tus ojos en blanco y negro. Defendí a fuerza de codazos mi derecho a mirarte. Postergué mi entrada a la soberbia de la sexualidad evidente. Definitivamente mis primeros esbozos fueron contigo.
Y tú sólo brincabas distante y absoluta a vista y paciencia de mi niñez en ebullición. Ahora pervivo con las ganas de robarte algunos años, o unas horas, o un pellizco de algún día largo como esta esperanza incubada desde cuando mis huesos aún no dolían.
Esto bien puede ser una torpeza, pero que más da, un deseo no cumplido es como un día sin sufrir, queda suspendido en el aire esperando mejores vientos.


*bailarina de Música Libre